El clítoris no es un botón, es un iceberg

La sexualidad es un campo epistemológico que la ciencia no ha abordado suficiente- mente. Parece que pese a estar inserta en el campo de la racionalidad persisten aún tabús culturales. A estos prejuicios se añade el hecho de que el paradigma dominante en el es- tudio de la sexualidad siempre ha sido androcéntrico; es decir, que el foco de atención ha recaído en la reproducción y en las necesidades y problemas masculinos. Todo esto tiene como consecuencia la invisibilidad y la ausencia de lo que es específicamente femenino.

Un ejemplo significativo son las teorías freudianas sobre la envidia del pene, el orgasmo vaginal como orgasmo adulto y el clitórico como orgasmo infantil. Hubo que esperar has- ta los años setenta del pasado siglo para que Masters y Johnson defendieran la idea del clítoris como el órgano responsable del placer femenino. El paradigma dominante llevó a que el clítoris, el único órgano del cuerpo de los seres humanos destinado exclusivamente a proporcionar placer, fuera casi invisible para la ciencia hasta hace bien pocos años. Por el contrario, el pene, que cumple también otras funciones, es objeto de muchos más estudios. Para superar esta situación, lo primero que debemos asumir es que el clítoris es mayor que el pequeño glande externo que conocemos. Hay estudios que afirman que un clítoris no erecto puede llegar a medir nueve centímetros. Después de ser considerado popular-

E  l    c l í t o r i s    y    s u s    s e c r e t o s  

mente como un simple botón escondido entre las piernas de las mujeres, hoy sabemos que es la clave de su placer. Es una pena pensar que, como consecuencia de la carencia de estudios científicos y de su divulgación, la sociedad no reciba información rigurosa sobre este órgano.

Aparece por primera vez en la literatura científica a mediados del siglo XVI, pero los detalles de su anatomía y funciones no se estudiaron en profundidad hasta hace bien pocos años.

En coherencia con la mirada androcéntrica se produce la paradoja de que, mientras el cuerpo femenino es la imagen más evocada como símbolo y metáfora de la sexualidad en nuestra cultura a través de la publicidad, del arte y en el imaginario colectivo, el clítoris permanece casi oculto a los ojos del mundo e incluso a los de las propias mujeres. El lenguaje es otro testimonio de esta invisibilidad, pues ni siquiera en la vida cotidiana encontramos expresiones que lo mencionen. De este modo el clítoris ha sido sometido al ostracismo durante siglos y aún hoy sigue siendo ignorado, menosprecia- do e incluso extirpado. Se cuentan por millones las mujeres que en algunas culturas son sometidas a la ablación del clítoris y parece que en la nuestra éste se amputa en el pensamiento.

Estamos ante un trabajo valiente porque se enfrenta a los persistentes tabús y prejuicios culturales. A pesar de vivir en el siglo xxi, en mi larga experiencia docente en educación sexual confirmo, año tras año, que el clítoris sigue siendo invisible. Las jóvenes no hablan de él, y ni ellas ni ellos saben situarlo cuando les propongo que localicen en una representación simple entre otros nombres como labios mayores, labios menores, uretra, entrada de la vagina y ano ¡Tanta pornografía genital para que no sepan dónde está el clítoris! Este es un indicador de la situación en la que se encuentra la sexualidad femenina como resultado de que su órgano de placer siga permaneciendo invisible.

Es muy difícil que un hombre alcance un orgasmo sin la participación de su pene. Cuesta imaginarlo. Sin embargo, se supone que las mujeres podrían alcanzarlo sin la estimulación del clítoris, reduciendo el acto sexual al coito. Hay una expresión inglesa muy utilizada que juega con las palabras «The hole is not the whole» (el agujero no es el todo).

El placer es aún una materia pendiente para muchas mujeres que no gozan del sexo, pero de esto tampoco se habla. Conocemos alguna escena en el cine en el que una mujer finge un orgasmo. También sabemos que en la vida real hay auténticas «actrices» que lo simulan. Todo por asumir un papel subordinado en la sexualidad hegemónica donde lo im- portante es el placer y las necesidades masculinas.

Así, es necesario visibilizar el clítoris, ese gran desconocido. Ofrecer información precisa y explícita sobre él y convertirlo en objeto de estudio: hablar del clítoris, pensar en el clíto- ris o considerar el clítoris en términos equivalentes a los del pene. Se trata de conocer sus secretos y sus posibilidades como fuente de goce erótico.

Porque hablar del clítoris muestra una preocupación que todo el mundo debería de te- ner en consideración: que las mujeres sientan placer. La vivencia de la sexualidad, algo tan básico, marca una clara diferencia entre mujeres y hombres. Las mujeres nunca alcanzarán la igualdad mientras su placer no cuente.

Teniendo en cuenta esto, hacer una aproximación al clítoris desde una perspectiva lú- dica para estudiantes es una apuesta comprometida y necesaria. También es fundamental mostrar la cara agradable de la sexualidad y escapar del reiterado tratamiento fóbico que suele aparecer en las intervenciones educativas cuando se asocia sexualidad y peligro o ries- go. En estos casos se centra el mensaje educativo en la anticoncepción y en las infecciones de transmisión sexual, al mismo tiempo que invita al miedo y a la inseguridad y olvida ha- blar del placer, del enriquecimiento personal, del conocimiento y del goce del cuerpo.

Este cambio de perspectiva posibilitará incluso que la sexualidad como ámbito de estu- dio ocupe el lugar que le corresponde, pues si no fomentamos en el alumnado la curiosidad sobre ciertos temas, estos quedan definidos como marginales y carentes de interés para la ciencia. Por todas estas razones, celebro la publicación de este material, que estoy segura de que va a ayudar a vivir la sexualidad femenina de una forma más consciente y placentera.

Mercedes Oliveira Malvar

Doctora en Filosofía y catedrática en el IES Alexandre Bóveda de Vigo

Fuente: Guia didáctica de la Universidad de Vigo

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